Català

La vida humana se ha distribuido en distintas etapas. La vejez es una de ellas, pero deben tenerse en cuenta las características específicas de cada persona y también su situación personal. Estas circunstancias conllevan cambios en el proceso de envejecimiento, que son distintos en cada uno. Puede considerarse que las condiciones de salud durante el envejecimiento son en gran parte el resultado del estilo de vida durante la juventud y la edad adulta.

El envejecimiento es el proceso de desgaste paulatino, continuo e irreversible del organismo y de sus funciones vitales: nutrición, reproducción y relación.

Las modificaciones morfológicas y fisiológicas del envejecimiento suponen una disminución de la capacidad de adaptación de los órganos, aparatos y sistemas del organismo y de la capacidad de respuesta a los agentes lesivos, especialmente los microbiológicos.

La fuerza muscular es un buen indicador del envejecimiento, pero el mejor indicador es la funcionalidad de los grupos musculares. Un entrenamiento individualizado de la fuerza muscular puede retrasar la pérdida paulatina y generalizada de la fuerza y la función muscular asociada al envejecimiento (dinapenia) y favorecer las condiciones psicológicas y fisiológicas en las personas mayores, mejorando su autonomía personal e independencia. También ayuda a reducir enfermedades por razones de la edad. Un ineficaz aparato locomotor significa menos probabilidades de supervivencia y supone la aceleración del envejecimiento.

La fuerza muscular es la tensión de los grupos musculares generada por una activación neuromuscular voluntaria durante un determinado intervalo de tiempo.

Las respuestas al entrenamiento de la fuerza muscular son principalmente adaptaciones musculares, biomecánicas y neurales, entre otros. La mejora de la producción de fuerza muscular no está determinada solo por el aumento del área de la sección transversal y la distribución del tipo de fibras de los grupos musculares (factores musculares), sino también por la magnitud de la activación del sistema nervioso y el sistema musculoesquelético (factores neurales).

Los incrementos de la fuerza muscular inducidos por el entrenamiento se asocian a un proceso de adaptación al sistema nervioso, ya sea por un aumento en la activación de la musculatura agonista o bien por cambios en los patrones de activación de la musculatura antagonista (Hakkinen et al., 1985, 1987; Komi, 1986).

La mejora de los niveles de fuerza muscular retrasa el envejecimiento, aumenta la capacidad de resistencia muscular y cardiorrespiratoria y también genera adaptación al esfuerzo de la vida diaria.

Pero existen otras causas asociadas, que pueden retrasar el envejecimiento y mejorar las capacidades funcionales, como los hábitos de vida de la persona, relacionados con sus características individuales (valores morales y motivaciones) y la influencia del ámbito familiar y del entorno social. Por eso, son recomendables un hábitos de vida saludables, la combinación de las siguientes conductas interrelacionadas:

  • Disfrutar de una adecuada alimentación e hidratación. Proporciones de nutrientes en función de los requerimientos energéticos y según la actividad física diaria y el gasto energético.
  • Sueño reparador y descanso suficiente. La insuficiente duración del sueño se asocia con importantes repercusiones para la salud. El sueño está involucrado en muchos procesos fisiológicos, como la consolidación de la memoria, la regulación hormonal, la regulación cardiovascular y otras muchas funciones importantes.
  • Mantener una actividad física diaria activa: andar, subir y bajar escaleras, limpieza de la casa, ir de compras, bailar, nadar, jugar… etc.
  • Desarrollar la capacidad intelectual. Cualquier tipo de actividad cognitiva, que sirva para alcanzar un estado de ánimo de confianza y de autoestima y sentirse contento casi siempre (sin un estrés innecesario), es fundamental.
  • Relaciones sociales. Para tener un envejecimiento saludable las personas mayores deben mantenerse dinámicas, participando en las actividades de la sociedad y sintiéndose útiles. Las relaciones sociales, especialmente las relaciones familiares, aportan el apoyo adecuado para satisfacer las distintas necesidades como la compañía, la comunicación, el cuidado, la ayuda económica, el intercambio de conocimientos, etc.

En el futuro, serán necesarios más estudios, que sigan proporcionando conocimiento sobre la utilización y la integración del entrenamiento de la fuerza muscular en la vida diaria de las personas a cualquier edad y que ayuden a retrasar el envejecimiento y mejorar sus capacidades funcionales.

 

Mirallas, 2023.